Católicos foram expulsos a força da Igreja de Santa Rita em Paris na manhã de hoje. O motivo é que o templo vai ser transformado em estacionamento, houve resistência dos fieis e estes foram retirados pelas tropas do presidente socialista Hollande. Incrível a crueldade com que os cristãos franceses são tratados e o amor que os islâmicos recebem, por isso tanta maldição sobre a França, esperamos que um dia volte para casa a filha primogênita da Igreja.
quarta-feira, 3 de agosto de 2016
terça-feira, 2 de agosto de 2016
Papa institui Comissão sobre o Diaconato das mulheres
Como era temido pelos Católicos fieis a Santa Doutrina, O Santo Padre resolveu abrir uma comissão para analisar o diaconato feminino, apriori se diz que não se trata de ordenação sacramental, mas sabemos perfeitamente que o espirito revolucionário que não é o de Cristo age na surdina para implantar uma ideologia igualitária de classes, condenadas pelos Papas anteriores, inclusive por São João Paulo II. Esta comissão é um desrespeito e afronta a unidade da Igreja.
Veja a seguir matéria oficial da Rádio Vaticano publicada hoje(2 de Agosto de 2016).
Depois de intensa oração e de uma amadurecida reflexão, Sua Santidade decidiu instituir a Comissão de Estudo sobre o Diaconato das mulheres, chamando a fazer parte:
Presidente:
Dom Luis Francisco Ladaria Ferrer, S.I., Arcebispo tit. de Tibica, Secretário da Congregação para a Doutrina da Fé.
Membros:
Irmã Nuria Calduch‑Benages, M.H.S.F.N., Membro da Pontifícia Comissão Bíblica;
Profa. Francesca Cocchini, Docente na Universidade «La Sapienza» e no Instituto Patrístico «Augustinianum», Roma;
Mons. Piero Coda, Diretor do Instituto Universitário «Sophia», Loppiano, e Membro da Comissão Teológica Internacional;
Pe. Robert Dodaro, O.S.A., Diretor do Instituto Patrístico «Augustinianum», Roma, e Docente de patrologia;
Pe. Santiago Madrigal Terrazas, S.I., Docente de Eclesiologia na Pontifícia Universidade «Comillas», Madri;
Irmã Mary Melone, S.F.A., Reitora Magnifica da Pontifícia Universidade «Antonianum», Roma;
Pe. Karl‑Heinz Menke, Docente emérito de Teologia dogmática na Universidade de Bonn e Membro da Comissão Teológica Internacional;
Pe. Aimable Musoni, S.D.B., Docente de Eclesiologia na Pontifícia Universidade Salesiana, Roma;
Pe. Bernard Pottier, S.I., Docente no «Institut d'Etudes Théologiques», Bruxelas, e Membro da Comissão Teológica Internacional;
Profa. Marianne Schlosser, Docente de Teologia espiritual na Universidade de Viena e Membro da Comissão Teológica Internacional;
Profa. Michelina Tenace, Docente de Teologia fundamental na Pontifícia Universidade Gregoriana, Roma;
Profa. Phyllis Zagano, Docente na «Hofstra University», Hempstead, Nova Iorque. (SP)
sexta-feira, 29 de julho de 2016
Vaticano autoriza ordenações da FSSPX
Mesmo ainda não estando resolvida a situação canônica da Fraternidade Sacerdotal São Pio X, a Congregação para doutrina da fé deu autorização para que ela realize ordenações sacerdotais sem precisar pedir permissão aos bispos locais de cada lugar. Para muitos esta seria uma amostra clara de que a Santa Sé já está próxima de dar o pleno reconhecimento e que constitua a Fraternidade em Prelazia Pessoal no estilo da Opus Dei. As questões que ainda impediam o reconhecimento são temas pastorais do Concilio Vaticano II, mas segundo fontes o Santo Padre Francisco teria exigido apenas a profissão do Credo-Niceno-Constantinopolitano. A Congregação para Doutrina da Fé teria dado este indulto e exigido apenas que os nomes dos ordenados sejam entregues a Santa Sé.
Abaixo a integra da matéria do Blog Adelante la fé.
El pasado 2 de julio, Mons. de Galarreta, obispo auxiliar de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre, ordenó a un sacerdote en la parisina iglesia de Saint Nicolas du Chardonnet. Durante su homilía dio una importante información que ha pasado muy desapercibida para los medio,s pues afirmó textualmente que las ordenaciones sacerdotales que han realizado este año cuentan con el visto bueno de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por lo que no incurrirán en sanción canónica alguna por las mismas. He aquí el extracto
Tengo conmigo la carta que me ha entregado Su Excelencia monseñor Fellay, en la que la Congregación para la Doctrina de la Fe nos dice, ha dicho al Monseñor, que podemos proceder a las ordenaciones sin pedir el permiso de los ordinarios del lugar; que basta con darles los nombres de los ordenados, cosa que haremos por supuesto como corresponde. Es decir, que no somos ni cismáticos ni ilegales.
Ofrecemos a continuación nuestra traducción del Sermón.
***
Sermón de Mons. de Galarreta del 2 de julio de 2016 a San Nicolás de Chardonnet – Ordinación del Abad Sabur
Sermón de Mons. de Galarreta del 2 de julio de 2016 a San Nicolás de Chardonnet – Ordinación del Abad Sabur
Asistimos ante una terrible misión de demolición de la moral católica, de la fe católica, del culto católico de la verdadera religión.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.
Muy queridos hermanos,
Querido abad Sabur,
Muy queridos fieles,
Ministro, embajador, apóstol, servidor de Nuestro Señor Jesucristo, dispensador de los misterios de Dios
El Apóstol San Pablo nos resume su idea del sacerdocio diciéndonos que los hombres deben ver en nosotros ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. Ministros, embajadores, apóstoles, servidores de Nuestro Señor Jesucristo, dispensadores de los misterios de Dios. Que esto sea la verdadera Fe, la doctrina, los sacramentos, la gracia de Dios, todas las riquezas contenidas en la Iglesia y en el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, el santo Sacrificio de la misa, mysterium fidei.
Y San Pablo añade : «Lo que se requiere, lo que se exige del ministro es que sea fiel». Que sea fiel a Aquel a cuyo servicio está, de quien él es ministro. Que sea fiel en transmitir aquello que ha recibido, lo tesoros de Dios que ha recibido: la verdad y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, y los conceda gratuitamente, con generosidad. Y en el pontifical romano, la Iglesia nos dice cuáles son las potestades del sacerdote. El sacerdote debe ofrecer, ofrendar el santo Sacrificio, bendecir, precisar, predicar y bautizar; éstas son las facultades sacerdotales.
Para empezar : ofrecer el santo Sacrificio de la misa, reanudar el sacrificio de la Cruz. Pues el centro del culto está ahí, es el acto esencial por el cual los hombres y la Iglesia, con Nuestro Señor Jesucristo a la cabeza, cumplimos nuestro deberes religiosos para con Dios de una manera perfecta y consumada. Es el acto perfecto de religión de los hombres hacia Dios. Al mismo tiempo, el sacerdote debe ofrecer este sacrificio que es la fuente de todos los bienes y de todas las gracias.
El santo Sacrificio de la misa es como el foco de la redención que está siempre presente con nosotros, para nosotros. Es la redención siempre fecunda en gracias de todo tipo: gracias de conversión, gracias de purificación, de perseverancia, de santificación, de salud. La fuente y el santo Sacrificio de la misa. Es ahí, dice la Iglesia, donde se hace reparación por todos nuestros pecados; pecados que todos cometemos cada día, y donde somos purificados y renovados. En cada misa.
Y la Iglesia va mucho más lejos y nos dice que cada vez que se celebra el misterio de la Víctima que está sobre el altar se cumple la obra de la Redención, se realiza la obra de la Redención, cada vez que se celebra el misterio de la santa misa. Entonces comprendemos que, esencialmente, el sacerdote está hecho para el santo Sacrificio de la misa.
« Aquel que se aparta, que se aleja y que no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios »
Pero al sacerdote le corresponde predicar. Es decir, enseñar y enseñar la verdad. Y además la verdad revelada, aquello que nos ha sido revelado por Dios y esencialmente transmitido por Nuestro Señor Jesucristo y después por los Apóstoles, por la Santa Iglesia.
Prediquen entonces la verdadera doctrina, y esta doctrina en su pureza e integridad. El sacerdote es un ministro, no puede añadir, ni puede suprimir, ni puede cambiar nada. Debe transmitir la verdad inmutable pues se trata de la Fe y de Dios, y de cosas sobrenaturales, no de trivialidades de todos los días. Entonces, debe transmitir estas verdades inmutables con fidelidad.
Y San Pablo insiste. Por ejemplo, dice a Timoteo: «Guarda el depósito de la Fe por el Santo Espíritu que habita en nosotros». Y habla por lo tanto al respecto, ha dicho propiamente del sacerdocio, del Espíritu Santo que habita en el alma del sacerdote por la ordenación, que es recibido entonces para mantener celosamente y proteger este depósito de la fe.
El apóstol San Juan nos dice: «Aquel que se aparta, que se aleja y que no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios». «Y aquel que permanece en la doctrina de Cristo, posee al Padre y al Hijo». Por lo tanto el sacerdote enseña la verdadera Fe y la confiesa ante los hombres. «Pero a todo el que se avergüence de mí y de mi doctrina, ante los hombres, yo me avergonzaré de él ante el Padre». Y con más razón del sacerdote que no confiese, que no defienda esta Fe. Pues si existe la verdad revelada por Nuestro Señor, también existe el error, existe la herejía, existe el engaño, y todo esto en la vida de la Iglesia.
Por tanto el sacerdote no sólo debe defender la Verdad sino combatir el error, y combatirlo públicamente. Y no sólo debe denunciar los errores, sino también a quienes difunden los errores. Un pastor no puede, al hablar a sus ovejas, dejar de decirles que hay que poner atención a los lobos. Debe advertirles cuando el lobo se encuentra en el redil. Por consiguiente, el sacerdote está hecho para predicar la verdad de Nuestro Señor Jesucristo.
Después, se dice que el sacerdote debe bendecir y bautizar. Ese es el oficio de santificador.
El sacerdote está hecho para comunicar la gracia de Dios a las almas y por tanto las virtudes de Nuestro Señor Jesucristo, la santidad de Cristo, la santidad de Dios.
Está hecho, pues, para transmitir, para enseñar, para comunicar la verdadera vida sobrenatural a las almas, y toda su acción está destinada a esta obra de santificación, sin punto de perversión evidentemente.
Por eso dice también el pontifical que debe gobernar, que debe dirigir, que debe guiar. Así se manifiesta el poder de la autoridad que tiene el sacerdote sobre las almas, sobre los fieles, sobre el pueblo de Dios.
A eso está ordenada precisamente esta potestad para guiar y dirigir y, en consecuencia, él tiene esta autoridad a fin de establecer el reino de Nuestro Señor Jesucristo. En las almas y enseguida en las familias, por consecuencia en las instituciones, la sociedad, las naciones: «Id y enseñad a todas las naciones».
« Asistimos ante una terrible misión de demolición de la moral católica, de la fe católica, del culto católico de la verdadera religión ».
Ahora, estimado abad, tendrá que ejercer este ministerio, tan elevado, tan necesario, tan saludable, en tiempos de crisis, en un tiempo de crisis profunda. Crisis en la sociedad en medio de la cual vivimos, a la cual pertenecemos. Crisis profunda en el seno de la Iglesia misma, al interior de la santa Iglesia misma. Asistimos ante una terrible misión de demolición de la moral católica, de la fe católica, del culto católico de la verdadera religión.
Al mismo tiempo, el hombre es exaltado y sustituye a Dios, del culto de Dios pasamos al culto del hombre. De la realeza de Nuestro Señor Jesucristo a la independencia, autonomía y realeza del hombre. Entonces es el hombre quien crea la verdad, es el hombre quien crea la moral, quien determina lo que es verdadero y lo que es falso, el bien y el mal.
El problema profundo en la Iglesia es que ha querido adaptarse a este mundo, tal vez siendo estrictos con buenas intenciones; evidentemente no todos. Ha querido adaptarse a este mundo moderno, a sus costumbres, sus leyes, sus ideas, su filosofía, su nula teología, su ateísmo. Así pues, comenzamos a invertir los cimientos de la religión católica. Para dar un ejemplo claro y concreto, vean ustedes, hoy en día tenemos autoridades en la Iglesia, a las que nosotros reconocemos por supuesto como autoridades de la Iglesia, y esas autoridades aprueban y enseñan lo que es pecado.
Se permite la comunión, en el caso de los matrimonios mixtos, al cónyuge no católico. ¡En ciertos matrimonios, el cónyuge no católico mixtos puede recibir la comunión en la Iglesia católica!
Hasta hemos llegado a oír, la semana pasada, que la fidelidad de los concubinos es un símbolo de que hay verdadero matrimonio y tienen verdaderamente la gracia del sacramento. Se trata de una nueva moral, contraria a dos mil años de enseñanza del magisterio católico constante y unánime. Son afirmaciones contrarias a lo que nos dicen las epístolas, los santos Evangelios, los Apóstoles, Nuestro Señor Jesucristo.
Entonces, evidentemente, debemos hacer como hizo san Pablo con san Pedro. San Pablo, en la carta a los Gálatas explica, y es la palabra de Dios, que debió resistir en su cara públicamente a san Pedro porque no iba conforme al Evangelio. Hoy en día todo católico, y sobre todo si es sacerdote, debe defender la Fe y oponerse públicamente a los que la destruyen, y debemos decir como san Pablo: resistimos públicamente porque hay un problema profundo de Fe. Porque ya no nos ajustamos al Magisterio de siempre, a la Tradición. Vean a san Pablo, que se aferraba a las tradiciones, guardaba la Tradición.
Por lo tanto se trata de un combate al mismo tiempo por la verdad, por la doctrina, por la verdadera Fe, y también por la santidad, la santidad de las almas, de las familias, del matrimonio, la santidad de la santa Iglesia: una, santa, católica, apostólica y romana.
« Aquellos que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución ».
Y luego algunos, evidentemente, dicen que nos equivocamos y que somos cismáticos, que somos ilegales en la Iglesia, y ya, querido Abad, usted lo ha experimentado un poco al volver, como un buen soldado de Cristo, a los combates de Dios. Ha debido por tanto sufrir esa persecución de la que nos habla san Pablo: «Aquellos que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución».
El Patriarca de Babilonia, que es caldeo, dice que somos cismáticos. Y el ordinario en Francia para las iglesias orientales dice que somos ilegales. El Papa mismo dice que en la Fraternidad somos católicos. ¿En qué quedamos? ¿Somos católicos o somos cismáticos? Tengo conmigo la carta que me ha entregado Su Excelencia monseñor Fellay, en la que la Congregación para la Doctrina de la Fe nos dice, ha dicho al Monseñor, que podemos proceder a las ordenaciones sin pedir el permiso de los ordinarios del lugar; que basta con darles los nombres de los ordenados, cosa que haremos por supuesto como corresponde. Es decir, que no somos ni cismáticos ni ilegales.
Entonces, ¿por qué agitan este espantapájaros? ¿Se dan cuanta ustedes de la legalidad, de si nos encontramos en regla o no, de que no hay tal cisma y Roma misma lo reconoce? Es que lo que nos separa es la doctrina, la Fe, su ruptura con la Tradición. O que no quieren aceptar que el problema está ahí. Porque
ellos saben muy bien que en eso se equivocan. Ellos no podrán jamás, aunque lleguen a, digamos, maquillarlo todo, destruir la Fe, ni la Tradición ni la Iglesia.
El sacerdote es servidor de la Santísima Virgen María, mediadora de todas las gracias.
Y entonces pues, querido abad, en este combate tan feroz, tan exigente, que exige tanta ciencia y santidad al sacerdote, ustedes deben, nosotros debemos volver nuestra mirada hacia la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles. Bajo esta invocación se la venera en esta iglesia de San Nicolás: María Reina de los apóstoles. Y no sólo lo es por su mediación, por la misión que desempeña ante los mismos apóstoles, durante su vida, en el nacimiento de la Santa Iglesia. Pero también porque si el sacerdote debe comunicar la vida de la gracia, es un colaborador, un servidor de la Santísima Virgen María, que es la mediadora de todas las gracias.
Ella es tesorera y dispensadora de todas las gracias merecidas por Nuestro Señor Jesucristo. Y en la medida en que Ella da a quien Ella quiere, tanto como Ella quiere, cuando Ella quiere, como Ella quiere. Por último, el sacerdote es colaborador en esta obra de santificación de las almas que se ha confiado a la Santísima Virgen María. Él no hace otra cosa que cooperar en esta acción de María en las almas.
Por otro lado, la Virgen María nos da un ejemplo de vida apostólica precisamente en la festividad que celebramos hoy: la de la Visitación de la Santísima Virgen María. Si hoy celebramos la misa de la dedicación de esta iglesia, de hecho se trata de la festividad de la Visitación de la Santísima Virgen a su prima Isabel.
Podríamos preguntarnos por qué, si ya había tenido lugar la Encarnación, y Ella estaba llena del Santo Espíritu, si había concebido a Nuestro Señor Jesucristo en su corazón y en su sangre, por qué fue ella quien fue a ver a su prima Isabel, por qué prefirió por así decirlo, la vida activa, apostólica, a la contemplativa?
Lo más lógico habría sido que se hubiera quedado inmersa en la adoración y en el amor a Nuestro Señor, a Dios, como ya lo estaba antes de la Anunciación del ángel. En esto Santo Tomás de Aquino nos aclara los motivos, porque dijo algunas veces es más meritoria la vida activa que la contemplativa; y en este caso la vida activa o apostólica está el desbordamiento del amor de Dios, en la medida en donde uno se sustrae a la contemplación, a la vida interior, la vida de oración, temporalmente, en la medida en que lo hacemos con sacrificio. Y después existe como un objetivo de conformarse a la voluntad de Dios y buscar la más grande gloria para Él.
He aquí entonces por qué Nuestra Señora es la Reina de los Apóstoles, porque nos da un ejemplo perfecto de lo que debe ser la vida apostólica del sacerdote, y lo vemos precisamente en la Visitación. Ante todo porque ella está llena del amor de Dios, fruto precisamente de la Encarnación, este amor se desborda hacia su prima Isabel.
Porque el ángel le sugiere ir a visitarla con prontitud y porque es conforme a la voluntad de Dios. Evidentemente, la Virgen María se apresuró a partir. Este es el sentido del Evangelio. Porque ella quería conformarse a la voluntad manifestada discretamente por parte de Dios.
Se fue por un tiempo, ya que se quedó por algunos meses, lo necesario, y después volvió a su casa. Lo hace buscando la gloria de Dios tal como lo demuestra el fruto de su visita. Ella veía muy pocos medios apostólicos que hubieran producido efectos tan grandes en el orden sobrenatural. Es precisamente su salutación la que da lugar a tres prodigios. Primero, San Juan reconoce a Nuestro Señor y a su Santísima Madre y se estremece de alegría. Enseguida se llena del Espíritu Santo, queda santificado. Y después Santa Isabel se llena también del Espíritu Santo. Y ésto ni más ni menos que por la salutación de la Santísima Virgen María. Que fue tal vez «Schlama lej Elisbeth (1)»… tal como la había saludado el ángel también a ella.
¿A qué se debe la eficacia de la vida apostólica de la Virgen María? A que estaba unida a Nuestro Señor Jesucristo, estaba plenamente unidad a Nuestro Señor, porque llevaba en su seno a Nuestro Señor Jesucristo, estaba llena del Espíritu Santo, llena de la gracia de Dios. Su apostolado, por así decirlo, fue muy fecundo. Porque ella lo ejercía en conformidad con la voluntad de Dios, y en humildad. Entonces Isabel la alaba, y la Santísima virgen María reenvía esta alabanza a la gloria de Dios y compone ese canto extraordinario que se llama el Magnificat, canto de glorificación a Dios, de acción de gracias, pero también un canto de humildad en el que María reconoce su nada, su pequeñez.
Estas son, querido Abad, querido hermano, las disposiciones que deben animarnos en nuestra vida apostólica, dando absolutamente la primacía a nuestra vida interior, a nuestra vida contemplativa, nuestra vida de unión con Nuestro Señor Jesucristo. Por eso siempre encontrarán ustedes en el Corazón Inmaculado de María nuestra Madre, y madre en particular del sacerdote, refugio, fuerza y consuelo.
En el corazón de la Santísima Virgen María es donde podremos ser formados y moldeados conforme a Nuestro Señor Jesucristo, soberano y Eterno sacerdote.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Monseñor Alfonso de Galarreta, obispo auxiliar de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Fuente: Sermón audio St-Nicolas- du-Chardonnet/La Porte Latine del 7 de julio de 2016
La transcripción y los títulos son de La Porte Latine
[Fuente. Traducción de M.M. Corrección J.E.F. Equipo de Traducción de Adelante la Fe]
quarta-feira, 27 de julho de 2016
Dom Rogelio Livieres: Oração por sua Beatificação
"Santifica-nos na Verdade"
O Instituto Bento XVI lança a partir de hoje a Campanha pela Beatificação de Dom Rogelio Livieres. Monsenhor Rogelio foi ordenado sacerdote em 15 de Agosto de 1978, pertencente ao clero da Prelazia da Santa Cruz e Opus Dei. Nomeado Bispo de Cidade do Leste no Paraguai em 12 de Julho de 2004 por São João Paulo II, ministério que exerceu por 10 anos, durante seu episcopado consolidou a catequese Católica nas comunidades a ele confiadas pelos Papas João Paulo II e Bento XVI. Fundou o Seminário São José e vários institutos religiosos o que fez sua diocese ficar famosa no mundo pela grande quantidade de vocações, tinha grande amor pelos pobres, crianças e idosos. O Papa Bento XVI sempre o encorajava a se manter firme nas suas atitudes e o parabenizava nas visitas ad limina. Mas foi duramente perseguido no ano de 2014 e acabou sendo destituído do cargo de Bispo pelo Papa Francisco sem renunciar e sem nada contra ele a ser alegado, algo inédito na história da Igreja. Entregou sua alma a Deus em 14 de Agosto de 2015 sem status canônico, por isso era chamado de Ex-Bispo de Cidade do Leste, a injustiça da destituição por ter feito aquilo que tanto João Paulo II e Bento XVI o pedira agravou seu estado de saúde rapidamente.
Sabemos que um processo deste tipo é longo, por isso o primeiro passo é espalhar a devoção a Monsenhor Livieres, para que no futuro seus filhos espirituais possam um dia venerar sua imagem nos altares.
Rezem um Credo, uma Ave-Maria e um Pai-Nosso pela causa. Qualquer milagre por sua intercessão pode ser relatado a nós pelo email: institutobentoxvi@gmail.com
Confira alguns momentos marcantes de seu episcopado:
Cardeal Sarah: O Papa não pode mudar a Lei Divina sobre a comunhão
Texto ainda não traduzido pelos Instituto:
El Cardenal Robert Sarah, la autoridad en sacramentos en el Vaticano, criticó la profanación de la Santa Eucaristía que proponen algunos purpurados en el Vaticano. Su acción se debe a la reciente sugerencia del papa Francisco de que los no católicos pueden recibir la Comunión si deciden que eso es lo que quieren hacer. El papa manifestó a los presentes en la Iglesia Evangélica Luterana de Roma el domingo pasado que la pregunta de si un no católico podía o no recibir la Comunión en la Iglesia Católica la debe responder la misma persona.
El Cardenal Sarah, quien se desempeña como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, manifestó un fuerte desacuerdo, señalando que existen leyes divinas que prohíben la administración de la Comunión a los no católicos o a bautizados que viven en pecado mortal (es decir: adulterio), de modo que si tal persona solicitara a la Iglesia Católica recibir la Comunión, el clero “no tiene ningún derecho de administrársela”.
Sarah también advierte a los sacerdotes que se atrevan a administrar la Comunión a no católicos que “si lo hacen, el pecado de ellos será más grave delante del Señor. Implicaría inequívocamente una complicidad premeditada y una profanación del Santísimo Cuerpo y la Santísima Sangre de Jesús”.
El prefecto nos recuerda que ni siquiera el papa puede cambiar la ley divina acerca de la Comunión. “La Iglesia en su totalidad siempre ha sostenido firmemente que no es posible recibir la comunión con la conciencia de estar en pecado mortal, principio éste recordado por Juan Pablo II en su encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, que afirma sobre el tema: “Ni siquiera un papa puede dispensar de tal ley divina”.
Las palabras del Cardenal Sarah son completamente fieles y verdaderas. En realidad no hay ninguna enseñanza doctrinal que el papa pueda cambiar. Puede poner en vigencia pequeños cambios disciplinarios, mientras estén en concordancia con la tradición y no ofendan la doctrina, pero cambiar una ley o enseñanza divina no es algo que ningún papa u obispo esté autorizado a realizar.
Sólo están autorizados a cumplir la ley y transmitirla al pueblo, como lo hizo Moisés en el Monte Sinaí.
Sarah se lamenta de que esto no se cumpla. “Como obispo, me siento herido en el corazón al ser testigo de semejante falta de comprensión de las enseñanzas inamovibles de la Iglesia por parte de mis hermanos sacerdotes”, dijo. “No me puedo permitir imaginar que la causa de esta confusión sea otra que una insuficiente formación de mis hermanos.”
Desde ya que Satanás está entronizado hoy en la Ciudad Eterna. La Virgen Bendita en Fátima advirtió que el enemigo se infiltraría en la jerarquía del Vaticano y llegaría el tiempo en que sería “obispo contra obispo, cardenal contra cardenal”. Esos días han llegado, en gran parte porque el Tercer Secreto de Fátima no se dio a conocer en 1960 como Nuestra Señora pidió. Ella intentaba evitar este desastre para la Iglesia.
Ahora lo deben soportar los miembros de Cristo. Los fieles no tienen otra alternativa que continuar peleando por la verdad, especialmente imitando el ejemplo del Cardenal Sarah de ser defensores de la Fe.
David Martin
Via: adelantelafe.com
terça-feira, 26 de julho de 2016
Padre é morto pelo Estado Islâmico em plena Europa
Com informações do Estadão: Padre que era mantido refém foi morto pelos agressores; Vaticano condenou o ataque e qualificou o episódio de 'assassinato bárbaro'
O grupo jihadista Estado Islâmico (EI) assumiu a autoria do ataque a uma igreja católica de Saint-Etienne-du-Rouvray, na Normandia, nesta terça-feira, 26, segundo informações do SITE Intelligence, que observa a ação de radicalizados na internet. Os extremistas teriam informado por meio de um comunicado emitido por sua agência de notícias, Amaq, que dois "soldados" do EI lideraram o atentado. "Eles realizaram a operação em resposta ao pedido para alvejar os países da coalizão", disse o grupo em referência às nações que combatem os jihadistas no Iraque e na Síria.
Nota do editor: A tempos que falamos aqui do perigo que representava a entrada de refugiados muçulmanos na Europa. O Cristianismo e o Islamismo não podem habitar o mesmo solo, são religiões antagônicas. Esse ataque representa uma declaração formal de guerra do Estado Islâmico contra o Vaticano, precisamos urgentemente de uma resposta militar cristã, se a França se omite, que a Polônia e os países que são de maioria Católica escutem o choro da Igreja e venha em seu auxilio.
domingo, 24 de julho de 2016
Carta do Prelado da Opus Dei (Julho 2016)
"A carteira de identidade do cristão é a alegria", disse o Prelado em sua carta repetindo uma expressão do Santo Padre. Nossa alegria, ainda que no meio das contradições, será um modo evangélico de consolar quem precisa.
Queridíssimos: que Jesus me guarde as minhas filhas e os meus filhos!
Ao longo destes meses, estamos nos esforçando para colocar a prática das obras de misericórdia em primeiro plano. Consideremos agora uma à qual Jesus Cristo se refere expressamente, ao traçar o programa do caminho cristão: as bem-aventuranças. ‘Bem-aventurados os que choram, porque serão consolados[1].
Trata-se de uma obra de misericórdia que, tal como o perdão das ofensas, nos permite parecer-nos mais com Deus, imitá-Lo. Já no Antigo Testamento, o Senhor tinha dito: Como uma criança que a mãe consola, sereis consolados[2]. E Jesus, na Última Ceia, manifesta esse consolo da forma mais perfeita possível, pois promete enviar o Espírito Santo, a Pessoa divina a Quem se atribui – por ser o Amor subsistente – a missão de consolar os cristãos nas suas mágoas e, em geral, de fortalecer os aflitos para superarem toda a espécie de males.
Meus filhos, observando a situação do mundo, percebemos que muitas pessoas choram, sofrem. Os dramas provocados pelas guerras causam grandes tragédias, que não nos podem deixar indiferentes: a situação de emergência dos imigrantes ou as situações de injustiça que bradam aos céus causam muitas lágrimas. Penso, em particular, nos que estão sofrendo por defenderem a sua fé, arriscando até mesmo as suas vidas.
Ao ler as vossas cartas, ou nas conversas que tenho convosco, partilho de todo o coração as vossas alegrias e também as vossas penas e dores. Quantas famílias passam por um grande sofrimento, porque algum dos seus membros vive afastado do Senhor, ou porque veem um doente sofrer e se sentem impotentes para aliviar a sua dor! Somos pessoas que vivem no meio do mundo, e é lógico que os dramas contemporâneos – o flagelo das drogas, a crise da união familiar, o gelo produzido pelo individualismo, a crise econômica – nos toquem muito perto.
Verificar esta realidade não nos há de levar à tristeza. Contamos com a garantia de que – se permanecermos junto do Coração de Jesus – seremos consolados, e não só na vida eterna. Já aqui, nesta Terra, o Senhor nos oferece o conforto da Sua proximidade. Como um Pai amoroso, nunca nos deixa sozinhos. Como São Josemaria sempre ensinou, a raiz da alegria sobrenatural dos cristãos brota da consciência da nossa filiação divina. Consola-me imensamente a certeza, tão própria dos filhos de Deus, de que nunca estamos sós, porque Ele está sempre conosco. Não vos comove esta ternura da Trindade Santíssima, que jamais abandona as suas criaturas?[3] .
Reparemos que, entre as razões para a conversão do mundo pagão, nos primeiros tempos do Cristianismo, fala-se do exemplo daqueles nossos predecessores, os primeiros fiéis batizados, que não perdiam a alegria sobrenatural perante as contrariedades e perseguições que sofreram por amor a Jesus Cristo. No livro dos Atos registra expressamente como os Apóstolos, depois de terem sido açoitados por pregarem o Evangelho, saíram da sala do Grande Conselho, cheios de alegria, por terem sido achados dignos de sofrer afrontas pelo nome de Jesus[4].
Também agora, a alegria sobrenatural e humana dos seguidores de Cristo, mesmo no meio das maiores contradições, há de ser como um ímã capaz de atrair os que se encontram imersos na tristeza ou no desespero, porque não sabem quanto Deus os ama. «O cristão vive na alegria e no assombro graças à Ressurreição de Jesus Cristo. Como vemos na Primeira Carta de São Pedro (1, 3-9), mesmo que sejamos afligidos pelas provações, nunca nos será tirada a alegria do que Deus fez em nós (...). A carteira de identidade do cristão é a alegria: a alegria do Evangelho, a alegria de ter sido escolhido por Jesus, salvo por Jesus, regenerado por Jesus; a alegria pela esperança de que Jesus nos espera, a alegria que – mesmo nas cruzes e sofrimentos desta vida – se manifesta de outra maneira, que é paz com a segurança de que Jesus nos acompanha, está conosco. O cristão faz crescer essa alegria com a confiança em Deus»[5].
Neste contexto de fé e de esperança teologais, compreende-se a firmeza com que o nosso Padre podia afirmar que a alegria é um bem cristão, que possuímos enquanto lutamos, porque é consequência da paz[6], além de ter as raízes em forma de Cruz[7].
Um cristão que se sabe filho de Deus não deveria deixar-se confundir pela tristeza. Poderá sofrer no corpo e na alma, mas mesmo então, a consciência da sua filiação divina, despertada nele pela ação do Espírito Santo, vai-lhe dar nova energia para ir para a frente, semper in laetitia! Como São Josemaria aconselhava, enquanto lutarmos com tenacidade, progrediremos no caminho e nos santificaremos. Não há nenhum santo que não tenha tido que lutar duramente. Os nossos defeitos não nos devem levar à tristeza nem ao desânimo. Porque a tristeza pode nascer da soberba ou do cansaço: mas nos dois casos, quem recorre ao Bom Pastor e fala claramente, encontra o remédio adequado. Há sempre solução, mesmo que se tenha cometido um erro muito grave![8]
O recurso seguro para evitar a tristeza ou sair da sua opressão é abrir o coração com Jesus diante do Sacrário, e com quem, como Seu instrumento, orienta a alma entre os meandros da vida espiritual. Lembremo-nos sempre, levando-o à prática, o conselho que São Josemaria dava: Levantai o coração a Deus, quando chegar o momento duro do dia, quando a tristeza quiser meter-se na nossa alma, quando sentirmos o peso destas batalhas da vida, dizendo: Miserere mei Domine, quoniam ad te clamavi tota die: laetifica animam servi tui, quoniam ad te Domine animam meam levavi(Sl 85, 3-4), Senhor, tem misericórdia de mim, porque Te invoquei o dia todo: alegra o Teu servo, pois a Ti, Senhor, elevei a minha alma[9].
Que bela tarefa realizam os cristãos ao consolarem os que se veem aflitos por uma contrariedade, grande ou pequena, que lhes rouba a paz! Além de rezar por eles, é preciso fomentar um acolhimento afetuoso, pois muitas almas só procuram alguém que ouça com paciência as suas penas. Quantas caras tristes encontramos nos nossos caminhos terrenos porque ninguém lhes ensinou a se abandonarem no Senhor, e com que consolo fraterno os devemos acolher! «Quantas lágrimas se derramam em cada instante no mundo, cada uma diferente das outras… E juntas formam como que um oceano de desolação, a implorar misericórdia, compaixão, consolo. As mais amargas são as lágrimas causadas pela maldade humana: as lágrimas de quem viu arrancar-lhe violentamente uma pessoa querida, lágrimas de avós, de mães e pais, de crianças... (...). Precisamos da misericórdia, da consolação que vem do Senhor. Todos nós precisamos dela. É a nossa pobreza, mas também a nossa grandeza: invocar a consolação de Deus que, com a Sua ternura, vem enxugar as lágrimas do nosso rosto»[10].
Assim fez o Mestre durante a Sua passagem entre os homens. Levado pela Sua misericórdia, deteve-se no caminho, para consolar a viúva de Naim que chorava a morte do seu único filho; reagiu de forma semelhante com Marta e Maria em Betânia, desoladas pela morte do seu irmão Lázaro. Chorou também pelo destino que a cidade de Jerusalém iria ter[11]. Ao iniciar a Sua Paixão, já no Jardim das Oliveiras, sofreu até o ponto de suar sangue, e permitiu que um anjo, uma criatura, O consolasse (cfr. Lc 22, 39-46). Pode haver maior sinal de humanidade do que admitir o consolo, o reforço que outro nos dá para nos levantar do nosso abatimento, da nossa fraqueza, do nosso desânimo?[12]
Seguindo os passos do Mestre, consolemos quem precisa. É isso que está nas entranhas do espírito cristão. Assim se dirigia São Francisco ao Senhor, numa oração também repetida por muitas gerações: «Senhor, fazei de mim um instrumento da Vossa paz. Onde houver ódio, que eu leve o amor. Onde houver ofensa, que eu leve o perdão; onde houver dúvida, que eu leve a fé; onde houver tristeza, que eu leve a alegria; onde houver desespero, que eu leve a esperança; onde houver trevas, que eu leve a Tua luz»[13] .
No dia 22 deste mês, recordamos Santa Maria Madalena. Há poucos dias, o Papa elevou a sua memória litúrgica à categoria de festa. As suas lágrimas de arrependimento apagaram todos os erros da sua vida passada, e permitiram-lhe depois unir-se ao Senhor na Sua Paixão e na Sua Ressurreição como nenhuma outra das santas mulheres, exceto, naturalmente, a Santíssima Virgem. Recorramos à Mãe de Deus e nossa Mãe em todas as nossas necessidades. Ela é Consoladora dos aflitos, Refúgio dos pecadores, Auxílio dos cristãos, e não deixa nunca de cuidar de nós. Mãe! - Chama-a bem alto, bem alto. - Ela, tua Mãe Santa Maria, te escuta, te vê em perigo talvez, e te oferece, com a graça do seu Filho, o consolo do seu regaço, a ternura das suas carícias. E te encontrarás reconfortado para a nova luta[14].
Continuemos a rezar pelo Papa e pelas suas intenções. Acompanhemo-lo espiritualmente na viagem apostólica à Polônia por ocasião das Jornadas Mundiais da Juventude, que vão decorrer em Cracóvia.
Com todo o afeto, abençoa-vos
o vosso Padre
+ Javier
Aix-en-Provence, 1 de julho de 2016
© Prælatura Sanctæ Crucis et Operis Dei
[1] Mt 5, 4.
[2] Is 66, 13.
[3] São Josemaria, A sós com Deus, n. 143 (AGP, Biblioteca, P10).
[4] At 5, 41.
[5] Papa Francisco, Homilia em Santa Marta, 23-V-2016.
[6] São Josemaria, Forja, n. 105.
[7] São Josemaria, Forja, n. 28.
[8] São Josemaria, Carta 28-III-1955, n. 25.
[9] São Josemaria, Carta 9-I-1932, n. 15.
[10] Papa Francisco, Vigília de oração para "enxugar" as lágrimas, 5-V-2016.
[11] Cfr. Lc 7, 11-13; Jo 11, 17 ss; Lc 19, 41-44.
[12] São Josemaria, Carta 29-IX-1957, n. 34.
[13] Oração atribuída a São Francisco de Assis.
[14] São Josemaria, Caminho, n. 516
Assinar:
Postagens (Atom)


























